Todavía duele
Siete el día en que Dios descansó, siete que es fin de semana y sabe a comida familiar. Siete las próximas maravillas y las vidas de un felino; y hace siete que mi abuela se despidió. No quiero rememorar pero todo me lo impide. Se acerca el 2 de mayo.
Una tarjeta de misa, una foto de mi abuela, una equis sobre un númeror par en el calendario, un sueño, una medalla en forma de rosa, y para colmo mi hermano que me lo recuerda.
Lo temía Setiembre de 2006. Una llamada cambiaría la vida de toda una familia. Una reunión de emergencia estaba por comenzar. Los nueve hijos y los más de 30 nietos esperabamos nerviosos en la puerta del cuarto de mi abuela. Era imposible creer lo que estaba sucediendo, era inaceptable tratar de asimilar la palabara "sólo queda esperar". Confieso que nunca me gustó escuchar el ululeo de las ambulancias, ni mucho menos verlas.
Un domingo. Son las 8 y 30 de la noche. Frente a nosotros una inmensa ambulancia. A todos los nos mandaron a la calle. Una camilla que llevaba a mi abuela, es lo único que recuerdo. En medio de llanto y dolor, todos nos abrazamos, sabíamos lo que nos esperaba afrontar.
Sólo duró un mes. El hopsital de la avenida Brasil, las madrugadas en la sala de emergencia, las donaciones de sangre, las sillas duras de la sala de espera. Muchas veces pasé la noche en el hospital, luego enpalmaba al día siguiente a la universidad. Fue duro, pero seguí adelante. Recuerdo que estaba en taller de radio. Juro que hacía mis cosas hasta las 5 de la tarde, ya que la visita era a las 6.
Nunca me gustó el café pero era lo único que me mantenía de pie….(seguirá), ahora no puedo seguir…
